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¿Por qué algunos fármacos nos sientan mal?

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Antes de entrar en el tema de los efectos de los fármacos en la gente, lo básico, siempre, es definir de qué estamos hablando. Y en ciencia, la mitad de las veces esto es más complicado de lo que parece. Somos muy malos para las palabras.

En algunas fuentes, definen fármaco como aquellas moléculas bioactivas que pueden interactuar con macromoléculas proteicas. Otras definiciones son al mismo tiempo más y menos específicas, y deciden que fármaco es una sustancia química que provoca cambios psicológicos y/o fisiológicos en el organismo. Otra manera de definirlas es como sustancias químicas de estructura conocida que, al ser administradas en un organismo vivo, producen un efecto biológico.

Y luego añaden un punto adicional: son sustancias que no proporcionan soporte nutricional. De esta manera podemos diferenciarlas de los alimentos. Y también son distintos los fármacos que los medicamentos. Un medicamento es un fármaco usado para diagnosticar, curar, tratar o prevenir una enfermedad. Es decir, todos los medicamentos son fármacos, pero no todos los fármacos son medicamentos.

Podemos entender también los medicamentos como fármacos donde se ha maximizado su beneficio terapéutico y reducido al máximo los efectos secundarios indeseables. La diferencia entre un compuesto refinado en laboratorio o que te pongas a chuparlo de la raíz de la planta origen.

Según la interpretación, puede que ese alcohol de dudosa procedencia que has estado bebiendo el sábado sea un fármaco y un alimento (el alcohol tiene un elevado aporte calórico) pero nadie lo llamaría un medicamento.

¿Por qué algunos fármacos nos sientan mal?

Reacciones infinitas a un mismo fármaco

A lo largo de nuestra vida consumimos diferentes fármacos (o medicamentos, sentíos libres de escoger el sustantivo que queráis) para tratar patologías. Si llegamos a la suficiente edad, es probable que al día traguemos medicamentos como un niño come caramelos. Descubrir por qué algunos fármacos nos sientan mal puede ser clave para prescribir un tratamiento más eficaz.

Porque no todos reaccionamos de la misma manera al mismo medicamento. A ver, la gente reacciona distinto a los cacahuetes o la leche, es normal que le afecte diferente una pastilla cuyo nombre son siete sílabas. De esto se encarga la farmacología, la rama de las ciencias que estudia, bueno, eso, los fármacos.

Y dentro de esta ciencia hay un apartado llamado farmacodinámica, que estudia los cambios que ocasiona en el organismo un fármaco. Si piensas en todos los cambios que puede provocar una sustancia química en los distintos tejidos y su evolución en el tiempo, entenderéis que es un apartado muy, muy complejo. Sobre todo, si piensas que estos efectos son diferentes entre las personas.

Y ahora vamos a añadir la farmacogenética. La farmacogenética estudia cómo las diferencias genéticas entre individuos condicionan diferentes respuestas a los mismos fármacos. Los genes condicionan todo en nuestra vida, el efecto de los medicamentos no iba a ser una excepción.

Aquí tenemos la respuesta que nos interesa a la pregunta. ¿Por qué algunos fármacos nos sientan mal? Porque nadie es 100% idéntico a otra persona. Menos los gemelos. Por eso a los genetistas les encantan los gemelos. Volviendo al tema, nuestros genes pueden hacer que nuestra respuesta a un medicamento sea anómala, si no presentamos las variantes comunes.

Conocer la variabilidad genética de una persona va a ayudar a prevenir la toxicidad y la ineficacia terapéutica de un tratamiento farmacológico. A pesar de que todos los fármacos presentan efectos secundarios, no tenemos que padecerlos, o al menos no con la misma fuerza. Si un fármaco nos está sentando mal, quizás sea debido a una variabilidad genética que intensifica la toxicidad del fármaco o altera la respuesta orgánica frente al químico.

Aunque es una ciencia que se ha visto potenciada con fuerza en los años recientes, no es un conocimiento nuevo. Algunos consideran que el primer registro ya de “farmacogenética” fue en el 510 antes de Cristo, cuando Pitágoras registró que en algunas personas el consumo de habas tenía efectos dañinos. Y resultó tener causas genéticas, eran personas con el gen G6PD mutado, y por tanto déficit de la enzima.

Normalmente cuando un fármaco tiene efectos perjudiciales en un individuo muy superiores al resto de la población, hay un gen, o varios, mutado, que codifica una proteína que colabora en una de las siguientes funciones: enzimas que metabolizan el fármaco, transportadores del fármaco, la propia proteína diana del fármaco, o la respuesta inmunológica.

El sistema inmune comparte algo con los genes: querer participar en todo. Incluso lo malo.

Farmacogenética, una pata de la mesa de la medicina personalizada

Por eso, la farmacogenética se considera un pilar indispensable dentro de la medicina personalizada. Y ni siquiera tiene que hacerse individualizada para obtener beneficios. Muchos colectivos comparten similitudes genéticas que pueden aprovecharse en los tratamientos. Sabemos que es más frecuente encontrar intolerancia a la lactosa en asiáticos que en occidentales, por supuesto que hay intolerancias a medicamentos con distinta frecuencia según las poblaciones.

La ventaja para el individuo, y por extrapolación, a la sociedad, no es únicamente sanitaria. Acortar los tiempos de tratamiento y la cantidad de medicamentos usados suponen una reducción del coste económico por paciente. La medicina personalizada es más sana y barata. Imagínate poder predecir los efectos concretos de un tratamiento de largo plazo en un paciente a partir de sus genes, sin necesitar hacer prueba y error.

Pero, ¿cómo podemos obtener esta información? Realizando un test de ADN en el cual se analice la compatibilidad farmacológica. La mayoría de los análisis genéticos que estudian estas interacciones se centran en eficacia, dosificación y las reacciones adversas.

Gracias a esta información se puede saber, por ejemplo, si una persona metaboliza un fármaco de manera ultrarrápida, rápida, intermedia o lenta. Es decir, si el fármaco pasa más o menos del tiempo adecuado en el organismo para que cumpla su función. De manera que, si una persona metaboliza un fármaco de manera ultrarrápida, necesitará una mayor dosis del fármaco para que circule más cantidad y más tiempo por el organismo. Tus enzimas son demasiado buenas haciendo su trabajo.

Hoy en día hemos llegado al punto en el que incluso podemos hacernos una idea, no solo de la interacción del fármaco con nuestro organismo por los genes, sino de la interacción de varios fármacos distintos en nuestro cuerpo debido a nuestros genes.

Al tomar medicación para una enfermedad crónica se hace sustancial conocer estos aspectos, enfermedades que acompañan toda la vida y que en muchas ocasiones suponen tratamientos con varios medicamentos diferentes. En ocasiones alguno de estos medicamentos tiene, paradójicamente, la función de tratar los efectos adversos de los otros.

Es una ciencia fascinante, de la que ya sabemos mucho, pero aún no es suficiente. La idea de poder predecir, como magos, todos los efectos que tendrán los fármacos en una persona, y decidir cuál es la mejor ruta, suena casi a ciencia ficción. Y algún día llegaremos a ello por completo. Por el momento, nosotros te podemos dar un avance. Con el kit de ADN Advanced te podemos avanzar, por ejemplo, los efectos del ácido acetilsalicílico en tu cuerpo. “Pero yo no tomo de eso”. Es aspirina. Todo el mundo traga aspirinas.

 

Carlos Manuel Cuesta

Licenciado en Biología. Doctor en Biotecnología

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