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Endometriosis, la invasión del útero

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La endometriosis es un trastorno en el que el tejido del interior del útero, tejido endometrial, crece. Esto no sería necesariamente algo negativo si no fuera porque crece fuera del útero, en zonas del organismo donde no debería estar. Normalmente esta aparición y crecimiento es en los ovarios, las trompas de Falopio y el tejido que recubre la pelvis.

Sin embargo, no se encuentra limitado a esas zonas. Puede aparecer en los intestinos o la vejiga urinaria. Algunos casos clínicos registrados incluyen también el hígado, los pulmones, el nervio ciático, el corazón, el páncreas, el cerebro… Podríamos casi decir que, si ese órgano existe, puede ocurrir endometriosis.

Se calcula que aproximadamente el 10% de las mujeres en edad fértil sufren endometriosis, 190 millones de personas en todo el mundo. En muchos casos se encuentra en estado asintomático y no está diagnosticado.

Uno de los problemas es que, como dice el refrán: “puedes sacar el tejido del endometrio del endometrio, pero no el endometrio del tejido del endometrio”. O algo así, hay muchos refranes. Resulta que el tejido endometrial fuera del endometrio se sigue comportando de la forma normal, como si estuviera dentro. En cada ciclo menstrual se engrosa, sangra y se desprende. Pero en su nueva ubicación no tiene forma de salir del organismo y queda atrapado dentro.

Este tejido desprendido causa irritación e inflamación en los tejidos circundantes. Si no se arregla y se mantiene de forma crónica, desemboca en tejido cicatricial.

Es una enfermedad de causas misteriosas, lo que hace complicada su prevención y predicción. Según la situación, hay varias hipótesis, que no son excluyentes:

  1. Como el cuerpo humano es algo tan maravilloso como horrible, una de las opciones es que la sangre de la menstruación suba por las trompas de Falopio hasta la cavidad pélvica, en lugar de ser expulsada del organismo. Se la denomina “menstruación retrógrada”. Las células del endometrio que estuvieran en la sangre podrían adherirse a las paredes y comportarse como si siguieran en el endometrio.
  2. Otra teoría sostiene la posibilidad de que las células peritoneales, demostrando que no hay límites si te lo propones, son capaces de transformarse en células similares a las del endometrio, debido a efectos hormonales y/o del sistema inmunológico.
  3. Una tercera teoría defiende que células madre que vengan de la médula ósea y otras posibles regiones pueden diseminarse a través de la circulación sanguínea, y diferenciarse posteriormente en células endometriales. Esta teoría explicaría por qué un día te levantas y tienes células del útero en el otro extremo del cuerpo.
Endometriosis, la invasión del útero

Sobre riesgos y genes

Si bien las causas aún no se comprenden, se conocen algunos factores de riesgo. La endometriosis es más habitual durante la horquilla de tiempo entre la menarquia y la menopausia. Niveles de estrógenos elevados, períodos menstruales largos o trastornos del aparato reproductor también están relacionados. Y, por supuesto, los genes, siempre los genes.

La endometriosis es hereditaria. Antecedentes familiares de endometriosis se consideran un factor de riesgo, no solo de la probabilidad de padecer la enfermedad, sino también de una mayor gravedad. Por eso podemos decir que, en parte, la endometriosis es genética.

El riesgo de cambios en el ADN de las células del endometrio es relativamente elevado en comparación con otros tejidos del organismo. Es uno de los tejidos del cuerpo humano con mayor crecimiento y plasticidad, pasando a lo largo de la vida de una mujer por unos 400 ciclos menstruales.

Y existe en un ambiente de estrés oxidativo, conviviendo con un microbioma (porque en esa zona del cuerpo hay microorganismos además de nuestras células) y con estados inflamatorios, causados muchas veces por las propias menstruaciones. Este tejido ha pasado por experiencias que nadie debería pasar. Estas circunstancias aumentan la probabilidad de alteraciones genéticas en las células.

Algunos de los genes que se han visto alterados son comunes al cáncer. Un estudio encontró que el gen TP53, un supresor de tumores muy estudiado, se había perdido de forma significativa en tejido de endometriosis al compararlo con los controles. Lo mismo se ha visto con el gen PTEN, otro supresor tumoral.

Se ha planteado que la cadena de mutaciones que lleva a la endometriosis sigue unos pasos similares al desarrollo del cáncer colorrectal. Esto explicaría que, aunque la menstruación retrógrada es relativamente frecuente, la endometriosis no ocurre siempre. Hace falta que las células tengan alterados previamente los mecanismos de adhesión y persistencia celular para desarrollar la enfermedad una vez suben con el flujo sanguíneo.

Por tanto, personas que ya tengan previamente una serie de mutaciones familiares, la endometriosis hereditaria, son más propensas a desarrollar estas células que se niegan a morir.

Para reforzar esta hipótesis, es conocido que existe una correlación entre la endometriosis y algunos cánceres, como el carcinoma de ovario.

¿Qué ocurre cuando tienes endometrio donde no deberías?

Los síntomas de la endometriosis incluyen, pero no se limitan, a:

   Dismenorrea: dolor asociado al período menstrual. Como la mayoría de los dolores, su intensidad suele ir correlacionada a la gravedad, aunque no siempre ocurre. Junto a la infertilidad, se considera el síntoma más distintivo.

Dolor durante las relaciones sexuales. La endometriosis es muy puritana y recatada aparentemente. Te va a poner difícil practicar el sexo.

Hipermenorrea: los sangrados menstruales son más abundantes en cantidad de sangre y se prolongan más en el tiempo. También puede haber metrorragia, sangrado vaginal fuera de los períodos menstruales.

Infertilidad. Es causada por dos componentes principales. Por un lado, el estado inflamatorio de los órganos sexuales y la actividad del sistema inmunitario, que crean un ambiente negativo para el ovocito y su fecundación. Por otro lado, la alteración estructural de los órganos reproductivos. En ocasiones se han encontrado casos de endometriosis en mujeres que acudían a clínicas por problemas de infertilidad.

Los métodos de diagnóstico son también diversos. Entre los no invasivos destacan la imagen por resonancia magnética y la ultrasonografía. Un método más robusto es una laparoscopia. En este método se inserta dentro del abdomen una pequeña cámara para visualizar el interior.

Desgraciadamente, hasta el momento no se ha encontrado ningún biomarcador que sea fiable para el diagnóstico de la enfermedad.

Desde que ocurre la endometriosis hasta que surgen los primeros síntomas reconocibles pasan años. Se sospecha que la mayoría comienzan durante la adolescencia, en las primeras menstruaciones y picos hormonales, que se diagnosticarían y operarían entre los 24 y 34 años, la horquilla de edad con más pacientes.

Con tantas teorías de su origen y un amplio abanico de síntomas, pero poco específicos, cada caso puede presentar un perfil distinto, lo que complica el diagnóstico y detección. Como ejemplo, de 1973 a 2021 se elaboraron 22 sistemas de clasificación diferentes.

Desgraciadamente, aunque en general suele ser una enfermedad benigna, sin que haya riesgo para la vida de la paciente (hay excepciones, como la paciente que tuvo endometriosis EN EL CEREBRO), no tiene cura. El tratamiento habitual es paliar los síntomas, y la eliminación de las lesiones mediante cirugía o ablaciones con calor. En 1960 eran ya la principal causa de cirugía en mujeres. En la menopausia de forma natural suele disminuir la gravedad debido al descenso en los niveles hormonales.

Si quieres ver si tu tejido endometrial tiene predisposición genética a ser aventurero y viajar a otras regiones del cuerpo, puedes mirarlo con el Servicio de Genoma Personal Advanced de tellmeGen.

Carlos Manuel Cuesta

Licenciado en Biología. Doctor en Biotecnología

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