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Cáncer de mama: la pesadilla femenina

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No podemos hablar de cáncer de mama sin explicar primero el cáncer. Bueno, podemos, pero sería confuso. El cáncer son todas aquellas enfermedades en las que hay células anormales que pierden el control de su multiplicación y son capaces de invadir otros tejidos. La causa en última instancia siempre es una alteración del ADN celular.

El cáncer de mama es el cáncer más común y con más muertes en mujeres. Solo en los Estados Unidos se registraron 250.000 nuevos casos de cáncer de mama en 2017 y se espera que el 12% de las mujeres del país serán diagnosticadas con él a lo largo de su vida.

Se trata de una patología casi exclusiva de mujeres, aunque alrededor del 1% de los pacientes son hombres. Menos del 0,2% de las muertes relacionadas con cáncer en hombres se deben a este. En 2018, en Estados Unidos, hubo 2550 nuevos casos en hombres, y causó 480 muertes. Desde un punto de vista genético, apenas hay diferencias entre los cánceres de mama expresados en ambos sexos.

Sin embargo, precisamente por su baja incidencia en hombres, cuando se les diagnostica cáncer de mama, se encuentra en estado más avanzado y con peor pronóstico que en mujeres. En general la supervivencia de varones con este cáncer es significativamente inferior al de las mujeres.

Y es que, a pesar de que en los últimos años la incidencia ha aumentado notablemente y se estima que lo padecerán 1 de cada 8 mujeres, el cáncer de mama presenta uno de los mejores pronósticos, con una tasa de supervivencia a 5 años del 90%. Esto es debido, principalmente, a las mejoras en los programas de detección precoz y al uso de terapias eficaces.

El 62% de los cánceres de mama son diagnosticados cuando aún se encuentran confinados al pecho. Otro 31% se han diseminado a los nodos linfáticos cercanos y solo un 6% de ellos se encuentran en metástasis. La presencia de nodos linfáticos afectados no determina necesariamente la gravedad de la enfermedad.

Los primeros pasos son determinar el tamaño del tumor, la invasión de los nódulos cercanos y si existe metástasis.

 Cáncer de mama: la pesadilla femenina

No todos los cánceres son iguales

Aunque el cáncer de mama es heterogéneo, se clasifica en tres subgrupos, dependiendo de la presencia o ausencia de marcadores moleculares para los receptores de estrógenos/progesterona (que son hormonas), y del receptor 2 del factor de crecimiento epidérmico humano (ERBB2, vamos a resumir un nombre tan largo). Es una clasificación sencilla y barata de realizar que ha sido aceptada por la mayoría de los expertos.

  1. Positivo solo para los receptores hormonales (70% de los pacientes). Normalmente se debe al receptor de estrógeno alfa, un receptor que reacciona a las hormonas y activa una cascada de crecimiento oncogénico en las células cancerígenas. Es habitual en mujeres premenopáusicas. La supervivencia 5 años después de ser diagnosticado es del 94%. En hombres es también la forma más frecuente de la enfermedad.
  2. Positivo solo para ERBB2 (15/20% de los pacientes). El gen responsable codifica una proteína transmembrana que se encuentra sobre expresada. La supervivencia de los pacientes a los 5 años es del 99%.
  3. Negativo para ambos marcadores moleculares (15% de los pacientes). También llamado triple negativo, son los que tienen una fisiopatología menos conocida. Es el que tiene una mayor probabilidad de volver a aparecer, causando que tenga la menor supervivencia a los 5 años, estando en el 85%.

¿Y es muy importante esta clasificación? Mucho. En terapia y en pronósticos. Cuando el cáncer no ha hecho metástasis, el subgrupo al que pertenece condiciona el tratamiento que se usa. Si son positivos para las hormonas, habitualmente solo son tratados con tratamiento endocrino. Los positivos para ERBB2 reciben quimioterapia con otra terapia complementaria centrada en inhibir ERBB2. Finalmente, los triples negativos son tratados únicamente con quimioterapia, aunque a veces se añade al pack bevacizumab, un anticuerpo contra el factor de crecimiento endotelial vascular (este factor de crecimiento es una proteína que todo lo que hace les viene bien a las células tumorales, así que debe controlarse). También se realiza cirugía para extirparlos.

Si hay metástasis, la situación se vuelve mucho más dramática. La esperanza de vida media con metástasis en el triple negativo es de 1 año, siendo de 5 años en los otros dos subgrupos. Los tratamientos mejoran la calidad y cantidad de vida del paciente, pero hoy en día la curación confirmada de un cáncer de mama que haya hecho metástasis se considera casi imposible. De ahí la importancia del reconocimiento precoz.

Detrás de cada diagnóstico no solo hay una situación de enfermedad, sino también un momento de vulnerabilidad económica y social. En la mortalidad del cáncer, los cuatro factores principales de riesgo son las características del tumor, la presencia simultánea de otras enfermedades, el tratamiento y, por último, la situación económica de la víctima.

La detección precoz del cáncer de mama, fundamental

Desde el año 1980 hasta la actualidad, la tasa de mortalidad se ha reducido un 40% debido, principalmente, a los programas de detección de precoz. La prevención del cáncer de mama es indispensable. La técnica diagnóstica más extendida es la mamografía periódica en mujeres asintomáticas, en las que se puede detectar la presencia de nódulos en las primeras fases, donde la tasa de curación ronda el 100%.

La mayoría de los casos de carcinoma mamario se detectan a partir de los 50 años, por lo que las mamografías periódicas suelen considerarse en mujeres mayores de 40 años. Sin embargo, casi el 20% de los casos, ocurren en mujeres jóvenes en las que una correcta autoexploración mamaria puede permitir la detección temprana de nódulos cancerígenos.

Una vez se ha detectado, hay una serie de tests predictivos para entender mejor cada caso personal. Por ejemplo, la prueba Oncotype DX se usa sobre todo en casos de cáncer positivo para hormonas y negativo para ERBB2, para personalizar la quimioterapia, y estudia la expresión de 21 genes. MammaPrint es otra prueba que evalúa la expresión de 70 genes. Sin embargo, aquí entramos en el cuarto factor de mortalidad: sus precios, prohibitivos en algunos países.

Hay que tener en cuenta también que los riesgos de cada individuo son distintos. Los factores de riesgo más importantes son el sexo (ser mujer) y la edad, y se han identificado otros factores que pueden aumentar el riesgo de padecer cáncer de mama, como la obesidad, el consumo de alcohol y tabaco, el historial reproductivo o la presencia de antecedentes familiares. Sin embargo, la mayoría de los casos son esporádicos sin que exista un factor relacionado directamente.

¿Qué papel desempeña la genética en el cáncer de mama?

Entre un 5 y un 10% de los casos se consideran hereditarios y son consecuencia, principalmente, de la presencia de mutaciones en los genes BRCA1 y BRCA2. En estos casos, la presencia de estas variantes genéticas puede seguir un patrón de herencia autosómico dominante, por lo que es habitual que haya varios miembros de la familia afectados, incluso a edades más tempranas.

Los genes BRCA1 y BCRA2 son genes supresores de tumores que reparan el ADN dañado. Aproximadamente el 5% de los pacientes con cáncer de mama son portadores de mutaciones en uno de los dos genes.

Como comentábamos antes, los genes ERBB2 y ESR1 (gen que codifica el receptor de estrógenos) también se han observado en pacientes afectados por esta enfermedad. Las mutaciones genéticas pueden ser predictores de la respuesta del individuo a distintos tratamientos.

En hombres, BRCA1 y BCRA2 también se encuentran mutados en muchos pacientes, aunque algunos estudios han encontrado que los dos genes mutados con mayor frecuencia son PIK3CA y GATA3 en varones. El gen CYP17 ha sido propuesto en machos como un factor de riesgo tanto para cáncer de mama como de próstata.

Además, aunque con mucha menos frecuencia, existen síndromes de origen genético que aumentan la predisposición al cáncer de mama, como es el Síndrome de Li-Fraumeni o el síndrome de Cowden. En varones, el síndrome de Klinefelter (la presencia de un cromosoma X adicional en ellos, siendo XXY en lugar de XY) incrementa el riesgo hasta 50 veces en comparación con hombres XY.

Aunque los principales consejos para intentar prevenir la aparición de cualquier tipo de cáncer es llevar un estilo de vida saludable y evitar el consumo de sustancias tóxicas como alcohol y tabaco, conocer nuestra genética e identificar la presencia de posibles variantes relacionadas puede ayudar a una mejor detección precoz y a un mejor pronóstico. Por ello, el uso de tests genéticos que añaden pruebas genéticas de detección del cáncer de mama, como el análisis genético Advanced de tellmeGen, en los que se incluye en análisis de múltiples mutaciones asociadas con cáncer de mama, puede ayudarnos enormemente a conocer nuestro riesgo genético de padecer la enfermedad y suponen una herramienta muy eficaz para su prevención.

Carlos Manuel Cuesta

Licenciado en Biología. Doctor en Biotecnología

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